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El crédito a la familia

 

 

Ley de Inclusión Financiera, Rendición de Cuentas, Ley de Retenciones, propuestas de modificaciones y/o articulados, todos asuntos que al final se vinculan al mismo aspecto:

 

“Posibilidad de financiamientos/endeudamiento de las unidades familiares”

 

Los intereses y los motivos de los diferentes actores vinculados son variados; desde los ánimos de lucro, los riegos de existencia de las unidades cooperativas; las oportunidades para atender necesidades de las familias, hasta ambiciones más profundas de organizaciones de porte e incluso políticas gubernamentales y/o compromisos del sector público.

 

Cabe preguntarnos cuál es la necesidad real de financiar a la familia, porque otorgar créditos en la compra de bienes o  servicios, con qué finalidad liberar recursos financieros en su favor. El endeudamiento familiar es una realidad, más allá de necesidades puntuales o emergencias; las personas tienden a utilizar mayor cantidad de recursos de los que en forma habitual obtienen en un determinado período. Las personas están dispuestas a comprometer sus ingresos futuros a cambio de consumos o satisfacciones actuales. Se trata de una realidad socio-económica que es parte intrínseca de la cotidianeidad social.

 

No se observan lineamientos o políticas concretas y permanentes que tiendan a regular, fomentar y/o proteger estos compromisos que las personas hacen sobre su futuro. “El mercado regula”, y sin embargo una y otra vez desde los poderes públicos se toman medidas, que sin líneas explícitas de acción, siempre generan incertidumbre respecto a su finalidad y en especial sobre el acierto de los caminos elegidos.

 

Con qué finalidad otorgar crédito a las familias en el marco actual. Con certeza que desde los sectores lucrativos, aprovechando una oportunidad de lucro apoyados en la ventaja del conocimiento/desinformación, desde aquellas unidades de rasgo social, como oportunidad de sostener una actividad de volumen constante y muchas veces creciente. Ni unos ni otros, a fuerza de ser sinceros, ponderan el valor del financiamiento como mecanismos de formación, desarrollo o apenas mejor calidad de vida de las personas; nadie puede creer que se están otorgando soluciones cuando por detrás de todo el sistema aparece el compromiso del futuro personal y por tal de la sociedad toda.

 

Bien distinto sería este financiamiento en el marco de una política de desarrollo producto del consumo y por tal la generación de ingresos incrementales, bien diferente en un entorno de sacrificio previo y solidario, a partir del cual, el ahorro diera lugar a la atención de necesidades medidas, ciertas y acordes a las capacidades de cada uno y a las urgencias vitales. Todo desarrollo humano siempre pasará por tener la oportunidad de vivir libre de ataduras y obligaciones, originadas en comprometer el futuro, a cambio de satisfacciones actuales. Sin capacidad de sacrificio y desapegos el desarrollo humano se compromete constantemente.

 

El financiamiento a las familias es una realidad significativa desde el punto de vista cuantitativo, con poco sustento cualitativo; realidad sobre la cual se hace necesario dar un debate, actuar en procura de equilibrios, y si fuera necesario dar batalla y ordenar de forma tal que las asimetrías de información y conocimiento no dejen a los sectores más débiles (por falta de manejo e información) en manos de los más ambiciosos.

 

El futuro de las personas no debería convertirse en un valor digno de acumular y por tal  una ambición para quienes sustentan desde lo económico la acumulación de poder.

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